
Con esto estoy proponiéndote librarnos del sufrimiento cotidiano que generamos al resistir aquello que no coincide exactamente con nuestros deseos.
La resistencia principal, la que ejercitamos más veces por día, es la mental.
Bajémoslo a tierra con un ejemplo de hoy:
Debía darme la vacuna antitetánica y soy muy cobarde para eso. Lo postergo todo lo posible y sufro infinitamente más de lo necesario pensando que no tengo ganas o imaginando cuánto me puede doler el brazo después. Exactamente hacía 2 meses que venía «dejándolo para mañana». ¡Ya es como si me hubiese dado 60 vacunas!
Hoy me abrí a decirle sí a la vacuna, a decirle sí al dolor potencial, y a decirle sí a hacer eso que no quería. Sentí un enorme alivio. No miento si digo que me torturó (y metafóricamente dolió) mucho más lo vivido en los últimos 60 días que la vacuna recibida (al menos hasta ahora, unas cuantas horas después, vengo muy bien).
Pero no solo sufrimos más de la cuenta con asuntos como ese, de alguna manera excepcionales, sino con muchísimos instantes que son de lo más comunes, cotidianos, que a menudo se repiten. Ante cualquier asunto que no salga exactamente como nos gustaría, generamos o un pensamiento de rechazo (rara vez es solo uno… es más una cadena de pensamientos) o una emoción desagradable… a la que le prestamos atención –a veces mucha– y la podemos encima adornar con un sentimiento de víctima y demás.
No me malentiendas: sí hay que intentar cambiar lo que se desee y pueda, sí hay que pararse frente a una injusticia y rebelarse, y demás. Pero hay un mundo de situaciones en las que aferrarnos al rechazo nos hace sufrir innecesariamente. Por supuesto estoy hablando de asuntos donde no esté comprometida nuestra integridad física u otro tipo de situaciones inaceptables.
Al hacer el ejercicio de decirle «sí» a eso que hubieras resistido, no te quedes con lo burdo. Busca las sutilezas de rechazo en tu cuerpo y en tu mente. Prueba a sustituir eso por aceptación. Prueba a decirle «sí» a este instante con todo lo que incluya.
Ante cada hecho del día en el que te descubras resistiendo, cambia el gesto interno de rechazo por el gesto interno de aceptación y fíjate qué tal.
Te prometo que con este click hay un «upgrade» de calidad de vida a tu disposición. Se puede decir, además, que es muy sencillo. Es un click interno que lo único que requiere es tu deseo de hacerlo y tu búsqueda interna para soltar la resistencia y abrirte a la vivencia con aceptación.
Saludos,
Patricia
Hoy es 4 de abril de 2025